Ante la problemática de no poder continuar sus estudios universitarios en Estados Unidos, Jaqueline Martínez analizó las diferentes alternativas y se convenció que no se daría por vencida, no importa que tan difícil fuera la decisión a tomar. Este es su caso.
Tengo 20 años y soy de nacionalidad mexicana. Cuando tenia 10 años tomé una decisión, la cual en ese momento no le di mucha importancia, sin imaginarme que por esa decisión estuve apunto de no continuar con mi educación más haya del bachillerato.

Cuando tenía 7 años mi mamá migró a los Estados Unidos en busca de un mejor futuro para mi hermana y para mí. Durante los 3 años que estuvimos separadas, mi hermana y yo vivimos con mis abuelitos en Hidalgo. Nunca antes habíamos estado separadas de mi mamá, y 3 años después nos preguntó a mi hermana y a mí si queríamos reunirnos con ella, nosotras no lo pensamos dos veces ya que lo único que nos importaba era estar con ella.

Al llegar a Carolina del Sur, se me complicó un poco porque no sabía inglés, pero en poco tiempo me adapté a la nueva vida y el nuevo país en el cual permanecí por 10 años. Una vez que dominé el idioma, empecé a sobresalir académicamente y tomar clases de honores en la secundaria. Me gustaba siempre dar lo mejor de mí ya que de eso iba a depender que tan lista fuera a estar para comenzar la universidad. Al graduarme de la secundaria recibí varios reconocimientos, uno de ellos, “The governor’s citizenship award,” el cual me fue otorgado basando en mi alto rendimiento académico y mi comportamiento como ciudadana en la escuela y comunidad. Conocí al gobernador de ese entonces, Mark Sandford, y hasta lo saludé de mano sin imaginar que él mismo me iba a cerrar las puertas para poder continuar con mis estudios universitarios.

En el 2008, cuando yo estaba en segundo de preparatoria, el gobernador de Carolina del Sur firmó una legislación (the South Carolina Illegal Immigration Reform Act) la cual prohíbe a estudiantes ilegales atender universidades públicas. Hasta el momento, era el único estado que prohibía rotundamente a estudiantes indocumentados ir a universidades públicas, solo se pueden atender ciertas universidades privadas pero la colegiatura es costosa. Al enterarme que esa ley había sido firmada no le di mucha importancia por que no me afectaba en ese momento, pero es algo que tuve que afrontar dos años después.

Durante mi curso en el bachillerato, tomé principalmente clases de honores y al llegar a mi junior year (11) empecé a tomar clases de nivel universitario. Me gustaba retarme académicamente y sacar lo mejor de mí, aunque sabia que cabía la posibilidad de no poder continuar con mi educación ya que al graduarme iba a estar limitada a lo que podía hacer después. Varias de mis amistades hispanas, las cuales conocían mi estatus migratorio, me preguntaban que por qué me seguía esforzando si tal vez no iba a poder ingresar a una universidad y lo único que les decía era que eso no significaba que me iba a dar por vencida tan temprano. Al graduarme de la preparatoria no estaba segura de que iba a ser de mi futuro, pero de lo que si estaba segura era de que iba a continuar mis estudios universitarios solo tenía que esperar el momento y la oportunidad adecuada para hacerlo.

Por medio de otro estudiante que estuvo en mi misma situación es que me contacté con el Tec de Monterrey. Al principio el hecho de que tal vez tendría que regresar a México para lograr mi sueño más anhelado me desanimó un poco pues era un país en el cual me iba a considerar foránea ya que no había estado en él desde hace 10 años. Pero, si decidía quedarme iba a tener un futuro incierto con inestabilidad y sin educación. Inicié el proceso de admisión y una vez que fui admitida al Tec comencé el proceso de becas ya que a mi mamá se le iba a hacer difícil cubrir mis gastos universitarios. Afortunadamente me otorgaron cierto porcentaje de beca, solo tenia que definir mi decisión de regresar a México para continuar con mis estudios universitarios. Esa decisión fue la decisión más difícil que he tomado hasta el momento ya que mi familia se quedó en Carolina del Sur y yo me vine a Monterrey sola, sin tener ningún familiar aquí, pero sé que fue lo mejor para mi y para mi familia ya que voy a poder apoyarla financieramente en el futuro, y más que nada estaré cumpliendo mi sueño mas anhelado, el de continuar con mis estudios universitarios.

Dream in México me ha apoyado buscándome ayuda financiera mientras estudio en el Tec pero más emocionalmente. La organización me ha dado mucho ánimo brindándome su apoyo y haciéndome sentir que no estoy sola en esta transición difícil para mí. Desafortunadamente en Estados Unidos cada año hay más estudiantes indocumentados que terminan la preparatoria pero que no puede continuar con sus estudios universitarios dado su estatus migratorio. Lo más grave de esto es que la mayoría son estudiantes sobresalientes en su preparatoria, quienes muestran que son merecedores de recibir una educación universitaria: esta situación me tocó vivirla a mí. Aunque sobresalí académicamente en mi preparatoria, mis buenas notas no fueron suficientes para que pudiera ingresar a la universidad que yo quería en Carolina del Sur. Desafortunadamente para nosotros los estudiantes indocumentados en Estados Unidos una vez graduados de la preparatoria, estamos limitados a lo que podemos hacer.

A ese país le importa más nuestro estatus migratorio que lo que le podemos brindar una vez haber recibido una educación universitaria. Si no le importa nuestro futuro, es mejor buscar oportunidades en nuestro país en donde seamos valorados como seres humanos y nos reciban con cordialidad. Aunque hay estados que permiten a estudiantes ilegales atender universidades públicas la colegiatura es costosa ya que algunas veces son admitidos como estudiantes internacionales o como estudiantes “out-of state” y no les permiten pagar “in-state tuition” aparte de que no pueden recibir ayuda financiera del gobierno. Lamentablemente, cubrir una colegiatura costosa es otro obstáculo ya que nuestros padres no cuentan con un ingreso suficiente para cubrir ese gasto. Así que nosotros tenemos que abrir nuestras propias puertas para poder desenvolvernos académicamente y ser exitosos en el futuro.

Aunque regresar a México fue una decisión muy difícil de tomar, sé que es lo mejor para mi. Me estoy abriendo nuevos horizontes en donde podré salir adelante, y lo más importante es que en mi país donde una vez preparada profesionalmente podré contribuir para mejorarlo. También es muy importante valorar lo que tenemos por que no todos tienen la dicha de estar en donde estamos nosotros.